El Convento
de Nuestra Señora de las Virtudes, cuya
construcción data del siglo XVI, de una sola nave
con planta de cruz latina y capillas adosadas. La cubierta
es una bóveda de medio cañón sostenida
por arcos fajones que descansan sobre grandes contrafuertes.
El crucero está cubierto por una bóveda vaída
en piedra y en su centro, presidiendo el altar mayor, tiene
labrado el escudo ducal de la casa de Medina Sidonia. Toda
la bóveda está labrada en piedra de cantería
formando casetones y roeles. La puerta principal de acceso
al templo es un arco de medio punto, labrado con casetones
y flanqueado por dos pares de columnas dóricas,
con frisos y metopas que sostienen una cornisa que enmarca
la portada y sostiene el cuerpo superior. La torre posee
dos cuerpos, el superior rematado por un chapitel revestido
de azulejos. En el primer cuerpo de la torre se encuentra
una hornacina con una estatua de piedra caliza que representa
a Santa Catalina. La sacristía está cubierta
por bóveda de cantería y tiene labrado en
su centro el anagrama de la orden de Mínimos : "CHARITAS",
que significa caridad.
El Baluarte,
recinto amurallado, tenía en sus ángulos
y esquinas unos contrafuertes o cubos utilizados para disponer
en ellos puntos de vigilancia y de defensa con piezas de
artillería. Uno de estos, que incluso ha dado nombre
a una calle, se puede contemplar magníficamente
restaurado, en el nº 26 de la calle Extramuros
La Iglesia Mayor de Santa Catalina, cerrada
al culto y en lamentable estado de ruina, antigua
parroquia,
preside
la plaza
y jardines
de su nombre. Desde el siglo XV, construcción de
la primera iglesia hasta el edificio actual, son muchas
las obras y construcciones realizadas. El párroco
Francisco de Paula Fernández-Caro emprendió en
1886 las obras que configuraron la actual iglesia. Estas
obras duraron seis años y la remodelación
alcanzó a todo lo existente del edificio anterior,
levantando prácticamente todo desde sus cimientos.
Los planos y la obra se deben al chiclanero D.
Juan Bautista Olivares, arquitecto municipal de
Cádiz en aquella época,
el cual se ofreció de forma gratuita. Antes de finalizar
las obras marchó a Buenos Aires por problemas de
salud. Quedó al frente de las obras el padre Caro
y el maestro aparejador D. Cayetano Cano, vecino también
de Chiclana.
El resultado fue un edificio de respetables dimensiones,
de estilo arquitectónico poco definido, mezcla de
neogótico y neomudéjar, fruto de la corriente
eclepticista de la época y preludio del modernismo
que se acercaba.
Pronto presentó la nueva obra problemas estructurales
debido a la poca consistencia del terreno, dando lugar
a reparaciones costosas que llevaron a cerrar el edificio
al culto en el año 1930. Permaneció en espera
de ser restaurado hasta el día de hoy, siendo su
estado actual de ruina fruto del abandono y la desidia
de todos y no consecuencia directa de problemas en la construcción.
Torres Almenaras de la Costa
Como
complemento del sistema defensivo en la edad media, además
de castillos y fortalezas y de la milicia cancejil que
a caballo recorría la costa a diario, un rosario
de torres jalonaban la zona costera desde Ayamonte a Gibraltar.
Son las torres vigías.
En la línea divisoria con Chiclana se encuentra
la Torre del Puerco, de estructura cilíndrica y
de 8 metros de altura con dos bóvedas.
Por la costa en dirección hacia Conil y en el cabo
de su nombre, la Torre de Roche, de base
cuadrada construida en la segunda mitad del siglo XVI,
se conservaba relativamente
en buen estado hasta hace poco tiempo. Convertida en faro
para la navegación, las obras de adaptación
han supuesto una intervención en su fisonomía
que le ha quitado todo el empaque del pasado.
Le seguía otra torre, hoy desaparecida, que se
llamaba Torre Blanca, en el lugar conocido por Puntalejo.
Ya en Conil, al pie del camino de Cádiz, en el
acantilado, la Torre Atalaya, también
desaparecida y su emplazamiento actualmente lo ocupa un
poste de mampostería
pintado de blanco que sirve de señal para la pesca
y el calado de la almadraba. Le sigue la Torre
de Guzmán de la que
ya hemos hablado y por último, dentro
del término municipal, la Torre de Castilnovo es
la de mayor importancia después de la de Guzmán
ya que tenía doble misión: defensiva y de
ayuda a la almadraba de su nombre. Formando parte de un
recinto amurallado, pequeña fortaleza con Alcaide,
cargo de preeminencia con voz y voto en el cabildo de Conil,
recinto que fue destrozado por la fuerza del mar en el
maremoto del día primero de Noviembre de 1755.
Estas torres, mediante un sistema de ahumados y señales
con fuego, ponían en alerta a las torres vecinas
avisando a las poblaciones para que estuviesen alertas.
Con el paso del tiempo estas torres quedaron en desuso
convirtiéndose en testigos mudos de un pasado lleno
de sobresaltos.
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